El jueves 12 de junio arrancó una nueva edición del festival Sónar, esta vez marcada por la polémica sobre el papel de del fondo de inversión KKR, la cual se filtró inevitablemente en el discurso público de varios artistas. En las semanas previas, el festival fue señalado por su falta de posicionamiento ante el genocidio en Palestina, lo que motivó campañas de boicot en redes y diversas acciones de protesta durante el evento. Más allá del cartel o los posibles solapes, el debate giró en torno a la ética de seguir actuando (o asistiendo) a un festival que, según una parte del público y algunos artistas, se encuentra comprometido por intereses ajenos a la cultura.
Las consecuencias no tardaron en llegar: cancelaciones de una treintena de artistas, entre los que se incluyen Arca u Oma Totem, y un ambiente que a priori podía parecer enrarecido, aunque no siempre lo fuera. Mientras, otros artistas decidieron mantener su participación, algunos acompañando su actuación con comunicados en los que explicaban su postura respecto a la ofensiva del gobierno israelí en Gaza, utilizando el escenario como un altavoz de su protesta.

Para poner un poco de contexto, el festival Sónar fue comprado en 2018 por Superstruct Entertainment, empresa con más de 80 festivales en todo el mundo. En ese momento, Providence Equity Partners era el principal inversor de Superstruct. No fue hasta el pasado mes de octubre de 2024, cuando Providence se retiró y vendió su participación a un consorcio formado por KKR y más de 90 inversores. Según Sónar, fue una operación puramente financiera, en la que no tuvieron ni intervención, ni voz, ni voto. Del mismo modo, Sónar explicita que KKR no ejerce ninguna injerencia ni control sobre la línea artística del festival o el funcionamiento interno y administrativo del mismo, si bien Sónar sigue teniendo una responsabilidad a la hora de mantener una posición firme respecto al genocidio en Gaza, de la que ya se h manifestado en contra en repetidas ocasiones desde que estallara la polémica.
Sónar Día · Jueves 12 de junio
Lucient fue el encargado de abrir el SonarVillage con un set matinal que evitó grandes gestos pero se apoyó en una selección firme y atmosférica. House sobrio, tempos medidos y un sentido del ritmo que acompañó la lenta entrada del público al Sónar Día del jueves. En un contexto de alta exposición política, su sesión optó puramente por la música, sin intervenciones verbales ni mensajes proyectados, en una especie de aparente neutralidad o silencio para no posicionarse que vemos como una oportunidad perdida.
Una de las actuaciones con más densidad del día fue la de Chano Domínguez & Bronquio en SonarHall, presentando “Calle Barcelona”. El proyecto, una fusión directa entre flamenco jazz y electrónica, logró encontrar un equilibrio entre tradición y presente. La propuesta fue sólida y compleja, con momentos de gran sutileza en los teclados de Chano y una notable contundencia rítmica por parte de Bronquio. A diferencia de otros shows del día, aquí sí se vieron referencias explícitas: «PALESTINA» apareció proyectada al fondo del escenario en varios momentos del directo, acompañada de imágenes abstractas que reforzaban la idea de colapso o asedio. No fue un gesto puntual, sino que formó gran parte de su propuesta visual. Fue, quizá, uno de los momentos más tensos del día, no por su dramatismo sino por la manera en que el contenido político se integró con la propuesta artística.

Más tarde, en SonarPark, Alizzz presentó Conducción Temeraria con una puesta en escena sobria y un directo introspectivo, centrado en el desgaste emocional y la precariedad. Sin grandes gestos, cerró con unas palabras ambiguas —“Gracias por seguir viniendo incluso cuando cuesta”— que muchos interpretaron como alusión a la situación del festival. El público respondió con respeto y contención. Tras el concierto, se proyectaron mensajes como Llibertat Palestina, Delete KKR y La cultura és nostra, reforzando la postura que el artista ya había expresado en redes.

El cierre de la jornada en SonarVillage corrió a cargo de Todd Terry, leyenda viva del house noventero. Su set fue lo que se esperaba: directo, sin complicacioens, apelando al músculo del beat clásico y a una cierta nostalgia. Ni pancartas, ni visuales con mensaje, ni declaraciones: solo música de pista bailable y efectiva.

A otro ritmo, en el Petit Palau, Frames Percussion interpretó piezas de Raquel García-Tomás y Steve Reich en un concierto sobrio y preciso que sirvió como contrapeso elegante al ruido del día.
En conjunto, este primer día de Sónar Día dejó claro que el festival vive una etapa de transición compleja. Si bien no todos los artistas se posicionaron de forma explícita respecto al conflicto en Gaza o la entrada de KKR, la cuestión estuvo presente de manera difusa durante todo el día. Algunas intervenciones fueron directas, otras simbólicas o mínimas, y algunas se diluyeron en el propio flujo de la programación.
Texto: Germán Pérez